Los debates en torno a las interpretaciones del Sutra del Loto han continuado durante siglos. Una académica estadounidense examina algunos aspectos de ambos lados de la controversia que le resultan especialmente sugerentes, en particular para quienes se dedican al diálogo interreligioso.
«En los mundos de las diez direcciones», dice el Sutra del Loto, «solo existe el Dharma de Un Único Vehículo».
La declaración del Único Vehículo —que todos los seres vivos alcanzarán la iluminación budista— es una característica singular del Sutra del Loto. En gran medida, es lo que hizo que este sutra llegara a ser inmensamente popular en toda Asia oriental. Filosóficamente, la enseñanza del Único Vehículo ofrecía una forma de reconciliar las distintas corrientes del pensamiento budista; y en lo práctico, extendía la posibilidad de la iluminación suprema a todos, sin importar sus circunstancias, capacidades o nivel de comprensión. Pero ¿significa el Único Vehículo que los distintos caminos conducen todos a un mismo destino? ¿O significa que existe un único camino válido?
Podemos creer que conocemos la respuesta, pues nos hemos acostumbrado a leer el Sutra del Loto de una manera determinada. Sin embargo, en realidad, variaciones sobre esta cuestión se han debatido durante siglos y siguen siendo controvertidas en la actualidad. Al estudiar aunque sea brevemente la historia de su interpretación, he quedado fascinada al comprobar cómo, una y otra vez, el mismo texto ha sido leído tanto en sentido inclusivo como exclusivo. Me gustaría compartir con los lectores algunos aspectos de esta controversia que me han resultado especialmente sugerentes.
¿Cuántos Vehículos?
El Mahayana, o «Gran Vehículo», recibe su nombre porque aspira a la salvación de todos. Los primeros mahayanistas criticaban el camino de los shravaka u «oyentes», los discípulos del Buda que buscan dominar las Cuatro Nobles Verdades y alcanzar el estado del arhat, quien ha erradicado todo deseo y apego. También criticaban a los pratyekabuddha, o «iluminados por sí mismos»: quienes, independientemente de las enseñanzas del Buda, comprenden que todo es condicionado e impermanente, pero no lo enseñan a otros. Los mahayanistas denominaron a estos dos caminos Hinayana o «Vehículo Menor», porque conducen únicamente al nirvana personal. En su lugar, se comprometieron a seguir el camino del bodhisattva, tal como lo hiciera el propio Buda: renunciando al nirvana personal y permaneciendo en el reino del renacimiento para esforzarse por la liberación de todos los seres. Algunos sutras mahayanistas condenan con dureza los caminos de los shravaka y los pratyekabuddha, calificándolos de callejones sin salida desde el punto de vista espiritual. Por ejemplo, el Sutra de Vimalakirti dice que quienes siguen esos dos vehículos son «como semillas quemadas y podridas», que jamás podrán brotar: habiendo erradicado el deseo, no pueden aspirar a la suprema iluminación ni despertar compasión por todos los seres.
Como es bien sabido, el Sutra del Loto adopta un enfoque radicalmente distinto. Afirma que el Buda enseñó tres vehículos —el de los shravaka, el de los pratyekabuddha y el de los bodhisattva— como una compasiva «habilidad metódica», adaptada a las diferentes inclinaciones y capacidades de comprensión de sus oyentes. Por tanto, cada uno de los tres tiene una validez provisional. Sin embargo, no constituyen fines en sí mismos, ni son últimos y separados: estos tres caminos, en apariencia distintos, están animados por una misma intención unitaria: que todos los seres alcancen finalmente la iluminación mediante el Único Vehículo.
Aquí surge, sin embargo, una cuestión: ¿es el Único Vehículo que conduce a la iluminación idéntico al vehículo del bodhisattva entre los tres? ¿O es que el propio vehículo del bodhisattva, al igual que los otros dos, es también un medio provisional que ha de ser trascendido por el Único Vehículo de la Verdad?
Reformulándolo con la parábola de la casa en llamas: de entre los tres carros que el padre promete primero a sus hijos —carros tirados por ciervos, cabras y bueyes—, ¿es el carro de bueyes el mismo que el gran carro de bueyes blanco que finalmente les entrega? ¿O es ese gran carro algo distinto, mayor y más excelente, que el que se había prometido inicialmente? Cuando el Sutra del Loto comenzó a estudiarse ampliamente en China, esta cuestión dio lugar a la llamada controversia de los «tres carros» frente a los «cuatro carros». No fue en absoluto una disputa trivial sobre números. Estaba en juego: ¿es el Mahayana la enseñanza verdadera y definitiva, y solo el Hinayana provisional? ¿O es el propio Mahayana, al igual que los dos vehículos del Hinayana, también en última instancia una «habilidad metódica», que conduce a una verdad que está más allá de toda expresión?
En mis clases universitarias, cuando leemos el Sutra del Loto, suelo pedir a los estudiantes que lean los primeros capítulos prestando especial atención a esta cuestión. Les sorprende comprobar que el propio texto es ambiguo al respecto y que pueden encontrarse pasajes que apoyan una u otra postura. Por ejemplo, en la parábola de la ciudad mágica, la ciudad ilusoria representa la enseñanza del nirvana personal de los dos vehículos menores, predicada como lugar de descanso intermedio para los viajeros agotados; mientras que el arduo camino hacia la tierra del tesoro representa el camino del bodhisattva. Esta parábola parecería indicar que los dos vehículos son provisionales y que el del bodhisattva es verdadero. Por otro lado, existen numerosos pasajes en los que los tres vehículos son mencionados conjuntamente como «medios hábiles». ¿Puede el mismo sutra estar afirmando dos cosas distintas?
Diversos comentaristas han intentado resolver esta aparente contradicción apelando a la relación inseparable, «dos y, sin embargo, no dos», entre la verdad absoluta y la verdad relativa, uno de los conocimientos fundamentales del Mahayana. Desde el punto de vista absoluto, ninguna enseñanza formulada según las circunstancias y condiciones puede ser jamás absoluta¹; ni las explicaciones verbales pueden transmitir plenamente la experiencia del Buda. Desde esta perspectiva, incluso el vehículo del bodhisattva debe ser una «habilidad metódica», que conduce hacia el Único Vehículo pero es trascendido por él. Sin embargo, desde el punto de vista relativo, la intención del Buda debe expresarse verbalmente mediante enseñanzas concretas que las personas puedan seguir; en este sentido convencional, el vehículo del bodhisattva se identifica con el Único Vehículo y es superior a los otros dos.
Pero, por muy satisfactoria que resulte esta solución filosóficamente, en la práctica las cosas podían ser más difíciles. El Mahayana de la India era un movimiento minoritario: habitualmente ignorado, aunque quizás ocasionalmente hostigado por las instituciones budistas dominantes. Sabemos muy poco sobre la comunidad que recopiló el Sutra del Loto, pero el capítulo titulado «Exhortación a mantener la firmeza» enumera diversas dificultades que sus seguidores debían afrontar: ser maldecidos e insultados, agredidos físicamente, calumniados ante altos funcionarios y expulsados repetidamente de los monasterios. No es fácil determinar si estos pasajes reflejan realidades históricas o el lenguaje exaltado de un grupo religioso marginal; pero, sea como fuere, transmiten el mensaje de que quienes abrazan este sutra deben estar preparados para enfrentar la oposición del establecimiento budista. Doctrinalmente, el Sutra del Loto abarca de forma inclusiva los tres vehículos en la gran visión del Único Vehículo. Sin embargo, para sus primeros seguidores, intentar practicar el camino del bodhisattva en la realidad podía suponer una difícil elección excluyente.
Lecturas inclusivas y jerárquicas
En Asia oriental, en cambio, el budismo mahayanista era predominante, por lo que la elección entre el camino del oyente y el del bodhisattva apenas se planteaba. Lo que sí se convirtió en un problema para los sacerdotes eruditos chinos desde muy temprano fue cómo conciliar las enseñanzas budistas, a menudo contradictorias, que se introducían desde la India y Asia Central. La doctrina del Único Vehículo parecía ofrecer un marco unificador en el que todas las enseñanzas pudieran comprenderse, y por esa razón el Sutra del Loto gozaba de enorme prestigio. En particular, la escuela T'ien-t'ai (en japonés, Tendai) le otorgó un lugar central entre todas las enseñanzas del Buda.
Pero entonces surgió otra pregunta: ¿debe entenderse el Único Vehículo como una perspectiva unificadora en la que todas las demás enseñanzas quedan de algún modo contenidas? ¿O es una enseñanza específica por sí misma, situada en la cima de una jerarquía de doctrinas? De hecho, ambas posturas se desarrollaron dentro de la tradición T'ien-t'ai, tomando como base el pensamiento de su fundador, Zhiyi (538–597).
En sus lecciones sobre El significado profundo del Sutra del Loto, Zhiyi analiza en detalle los cinco caracteres que componen el título del sutra en la célebre traducción de Kumarajiva: Miao-fa lien-hua ching (en japonés, Myōhō-renge-kyō). Al examinar el primer carácter, miao, que significa «sutil» o «admirable», distingue dos sentidos: relativo y absoluto. En sentido relativo, el Dharma del Sutra del Loto es «sutil» o «admirable» en comparación con otras enseñanzas¹, que se consideran «toscas» o incompletas. Desde el punto de vista absoluto, en cambio, su perfección sutil no se establece por contraste con nada externo, pues no existe nada fuera de ella con lo que compararla.
Dentro de la tradición T'ien-t'ai en China, Corea y Japón, estos dos enfoques —el relativo y el absoluto— se aplicaron a la relación entre el Sutra del Loto y las demás enseñanzas budistas. Desde la perspectiva «absoluta», todas las enseñanzas quedan «abiertas e integradas» dentro del Único Vehículo del Sutra del Loto. Comprendidas así, se disuelve la distinción entre «verdadero» y «provisional»; todas se convierten en expresiones del Único Vehículo. Es una lectura igualitaria e inclusiva, según la cual todas las enseñanzas son, en última instancia, «verdaderas». Sin embargo, desde el punto de vista relativo, se mantiene una distinción clara entre lo «verdadero» y lo «provisional»: se trata de una lectura jerárquica, potencialmente incluso exclusiva, que enfatiza la superioridad del Sutra del Loto sobre las demás enseñanzas. En términos generales, la postura inclusiva representaría la cosmovisión del T'ien-t'ai: todos los fenómenos, tal como son, manifiestan en cada instante la verdadera realidad. Por su parte, la postura jerárquica solía invocarse cuando era necesario defender la doctrina T'ien-t'ai frente a las interpretaciones de otras escuelas. Así pues, ambas convivían en una misma tradición, a veces incluso en la obra de un mismo maestro.
Un buen ejemplo es Saichō (767–822), quien tras estudiar en China fundó la secta Tendai en Japón. Una vertiente de su pensamiento sostiene la superioridad del Sutra del Loto sobre todas las demás enseñanzas. Lo expuso desde diversos ángulos en sus debates escritos con su oponente más erudito, el monje Tokuitsu de la escuela Hossō. Por ejemplo, afirmaba que solo el Sutra del Loto fue predicado desde la perspectiva del «efecto», es decir, desde la propia iluminación del Buda; mientras que los demás sutras representan el punto de vista de la «causa», es decir, de quienes aún se hallan en proceso de práctica. También distinguía al Sutra del Loto como el «camino directo» a la iluminación, en contraste con el «camino indirecto» del Hinayana y el camino que exige
«eones de práctica» que enseñan otros sutras mahayanistas provisionales. Basándose en el relato de la princesa dragón que alcanza la iluminación en un solo instante, Saichō sostenía que, gracias al poder del Sutra del Loto, quienes ya habían avanzado espiritualmente en vidas anteriores podían despertar incluso en esta existencia —«con este mismo cuerpo»—. Esta idea llegó a ser sumamente influyente en el budismo japonés; en la escuela Tendai se desarrolló inicialmente como argumento a favor de la preeminencia del Sutra del Loto.
No obstante, incluso al afirmar que el Sutra del Loto supera a todos los demás, Saichō también elaboró lecturas inclusivas. Una de ellas es su concepto de los «tres tipos de Sutra del Loto»: primero, el «Sutra del Loto fundamental», es decir, el Único Vehículo, que representa la única intención compasiva del Buda —subyacente a todas sus enseñanzas—: guiar a todos los seres hacia la iluminación. Segundo, el «Sutra del Loto oculto y secreto»: aquellas enseñanzas en las que, debido a la inmadurez de la audiencia, esa intención no se revela abiertamente. Y tercero, «el Sutra del Loto predicado de forma explícita»: el texto mismo, el Myōhō-renge-kyō. Desde esta perspectiva, todas las enseñanzas budistas son el «Sutra del Loto». El empeño de Saichō por integrar todas las doctrinas dentro del Único Vehículo no fue meramente teórico, sino que se extendió a la práctica. Concibió un gran sistema budista en el que todas las tradiciones que había estudiado en China —la doctrina y meditación del T'ien-t'ai, el budismo esotérico, el Zen y los preceptos del bodhisattva— quedaran unificadas en un único sistema.
¿Se predicó el Único Vehículo para todos?
«¡Por supuesto!», podríamos responder. ¿No lo dice el propio sutra? Sin embargo, tampoco esto ha sido aceptado sin discusión entre sus intérpretes.
En Asia oriental, la doctrina del Único Vehículo se entendió ampliamente no solo como comprensiva de todas las enseñanzas, sino también de todos los seres. Aunque el término «naturaleza de Buda» no aparece explícitamente en el Sutra del Loto, su enseñanza fue rápidamente comprendida a la luz del concepto de naturaleza búdica universal del Sutra del Nirvana. Se afirmaba que todos —clérigos o laicos, hombres o mujeres, sabios o ignorantes, listos o lentos, buenos o malos— podían alcanzar la iluminación mediante el Único Vehículo.
Tal fue la interpretación mayoritaria. No obstante, surgió una importante postura contraria desde la escuela Fa-hsiang (en japonés, Hossō), basada en tratados de la escuela Yogācāra traídos a China por el maestro Xuanzang (602–664) y desarrollados por su discípulo Cien (632–682). En contraposición a T'ien-t'ai, Hua-yen, Ch'an y demás escuelas chinas que sostenían que todos los seres poseen naturaleza de Buda, la doctrina Fa-hsiang negaba que fuera así. En su lugar, reconocía «cinco naturalezas»: cinco categorías de personas con capacidades innatas diferentes para el desarrollo espiritual:
1. Quienes pueden seguir el camino del bodhisattva y alcanzar la iluminación suprema;
2. Quienes pueden seguir el camino del oyente y alcanzar el nirvana del arhat;
3. Quienes pueden alcanzar el nirvana del pratyekabuddha;
4. Un grupo de naturaleza «indeterminada», con una combinación de dos o tres de las naturalezas anteriores, sin que esté aún definida cuál prevalecerá;
5. Quienes son incapaces de alcanzar cualquier tipo de iluminación, aunque puedan renacer en mejores condiciones humanas o celestiales gracias a sus méritos.
Fue por compasión hacia personas con distintas capacidades que el Buda expuso diferentes enseñanzas, aptas para beneficiar a todos.
La escuela Hossō es inusual entre las tradiciones mahayanistas por sostener que no todos poseen la capacidad de alcanzar la iluminación; por ello, algunos la han criticado como elitista. Otros, en cambio, la han visto como una valoración realista de las diferencias humanas: no todos parecen tener igual disposición para la práctica espiritual. En cualquier caso, constituye una importante voz minoritaria en la historia del budismo asiático. Quienes defendían una postura inclusiva del Único Vehículo debieron afinar sus argumentos en el debate con los eruditos de esta escuela. Por ejemplo, la célebre doctrina del Tendai sobre «la naturaleza de Buda en las hierbas y los árboles», que extiende la iluminación incluso a lo inanimado, fue formulada por Saichō precisamente como respuesta a las posturas más restrictivas de sus oponentes de la escuela Hossō.
Pero ¿cómo entendían esta escuela el Único Vehículo? Cien, su primer sistematizador en China, no podía ignorar un texto de tanta influencia. Sin embargo, utilizó su propio lenguaje para subvertir su interpretación habitual: aunque el Sutra del Loto afirme que los tres vehículos son medios hábiles y que solo el Único es verdadero, Cien y sus sucesores argumentaron que esa afirmación es en sí misma una «habilidad metódica», predicada por el Buda para alentar a quienes pertenecen a la cuarta categoría —la de naturaleza indeterminada—. Es decir: al escuchar que «todos pueden alcanzar la iluminación», quienes poseían múltiples potencialidades se sentirían animados a seguir el camino del bodhisattva y no conformarse con las metas inferiores del arhat o el pratyekabuddha. Para los seguidores de Fa-hsiang, por tanto, los «tres vehículos» representaban la verdad, pues veían las diferencias entre ellos como reflejo de capacidades humanas reales. El Único Vehículo, en cambio, era considerado un medio hábil, destinado a inspirar a quienes tenían capacidad para la práctica del bodhisattva pero aún no se habían decidido por completo. Fue precisamente como respuesta a esta postura cuando Saichō reafirmó la preeminencia del Sutra del Loto.
¿Cómo debe practicarse el Sutra del Loto?
Un manual japonés de la época medieval destinado a los jóvenes monjes de la escuela Tendai, titulado Shōshin kangakushō («Fomento al estudio para quienes comienzan»), afirma: «El Sutra del Loto no tiene una esencia propia; toma como esencia las enseñanzas predicadas antes que él. Sin embargo, los seguidores de Nichiren veneran únicamente el Sutra del Loto y rechazan profundamente las enseñanzas anteriores. Esto es un grave error… Lo que debe rechazarse es el apego a esas enseñanzas como verdades separadas, no las enseñanzas en sí mismas».
Aquí vemos el reflejo de un debate que enfrentó a dos grupos dentro del budismo japonés medieval respecto a la práctica del Sutra del Loto. Un sector dentro de la escuela Tendai sostenía que, puesto que todas las enseñanzas quedan contenidas en el Único Vehículo, practicar otras doctrinas con esa comprensión equivale a practicar el propio Sutra del Loto. En esta lectura radicalmente inclusiva, el Único Vehículo no se identifica con un contenido concreto, sino con la intención unificadora del Buda. Por el contrario, quienes el texto llama «los seguidores de Nichiren» sostenían que el Sutra del Loto es sencillamente superior a todas las demás enseñanzas y que debe practicado de forma exclusiva.
El maestro budista Nichiren (1222–1282) comenzó su carrera religiosa como monje de la escuela Tendai, y más tarde sería reconocido como fundador de la secta Hokke o Nichiren. Su comprensión del Sutra del Loto se basaba en la convicción de que el mundo había entrado en la era del Último Dharma (mappō), dos mil años tras el nirvana del Buda Shakyamuni: una época en la que los seres son especialmente propensos al mal y en la que resulta difícil mantener las disciplinas tradicionales. En los dos mil años de las eras del Dharma Verdadero y del Dharma Semblante, explicaba, las personas habían cultivado méritos en vidas anteriores y aún podían alcanzar la iluminación mediante enseñanzas provisionales. Pero ahora, en la era del Último Dharma, los seres ya no poseen esas raíces de virtud y no pueden despertar a través de enseñanzas provisionales. Para Nichiren, el único camino en esta era es el Sutra del Loto: la enseñanza suprema y definitiva del Buda, concebida expresamente para esta época difícil en que más se la necesita. Al resaltar la conexión única del sutra con el presente, la afirmación de su superioridad se convirtió en un argumento para considerarlo la única verdad. Basándose en el principio de la no dualidad entre los seres y su entorno, llegó incluso a atribuir los múltiples desastres de su época —epidemias, terremotos, hambrunas y el inminente conflicto bélico— al abandono del Sutra del Loto en favor de enseñanzas secundarias. Por el contrario, sostenía que la difusión de su práctica podía transformar este mundo en una tierra de Buda ideal.
Como práctica fundamental del Sutra del Loto, Nichiren propuso recitar su título o daimoku: «Namu-myōhō-renge-kyō», que consideraba la esencia del sutra y la semilla de la iluminación de todos los budas. Sin embargo, no todos coincidían en cómo debían practicar sus seguidores. En una de sus obras, el Shōshū mondōshō («Debate con otras escuelas»), Nichiren resume las discrepancias que mantenía con otros maestros tendai sobre si los creyentes debían recitar solo el título del sutra o si podían también invocar los nombres de otros sutras, budas y bodhisattvas. Sus oponentes coincidían en que sería un error recitar esos nombres creyendo que representan verdades separadas o contrapuestas. Pero añadían que el Sutra del Loto es como un océano que recibe a todos los ríos: una vez comprendido que todas las formas del budismo confluyen en él, es perfectamente legítimo recitar mantras esotéricos, invocar al Buda Amida o realizar cualquier otra práctica según la propia inclinación personal.
Nichiren, sin embargo, respondía transformando por completo la metáfora: señalaba que cuando los ríos desembocan en el mar, pierden su nombre y su sabor particular para volverse todos sal. Una vez que las demás enseñanzas quedan integradas en el océano del Sutra del Loto, todas son «Namu-myōhō-renge-kyō»; ya no tiene sentido mantener categorías separadas de Zen, preceptos, mantras, etcétera. En esta disputa, ambas partes aceptaban que el Sutra del Loto abarca toda la verdad y conduce a todos a la iluminación. Sin embargo, mientras unos veían en el Único Vehículo la base para aceptar una amplia diversidad de prácticas, otros concluían que exigía una única práctica.
Esta divergencia en la comprensión del Único Vehículo ha perdurado hasta nuestros días, extendiéndose al debate sobre el pluralismo religioso. ¿Cómo entender las diferencias entre tradiciones? ¿Participan todas las religiones de una verdad más amplia que las abarca? ¿O algunas son más «verdaderas» que otras? ¿Es una sola la verdadera y las demás están en el error? En líneas generales, podríamos decir que la tensión entre las lecturas inclusivas y exclusivas del Sutra del Loto se ha transmitido a las dos mayores organizaciones laicas inspiradas en él en el mundo actual: Risshō Kōsei-kai, que promueve activamente el diálogo interreligioso y adopta una postura inclusiva, buscando points de encuentro entre distintas tradiciones; frente a Sōka Gakkai, que mantiene una postura generalmente más exclusiva, afirmando que la recitación del daimoku tal como la enseñó Nichiren es la única práctica capaz de aportar verdadera paz y felicidad a la humanidad.
Algunas reflexiones
Al estudiar el Sutra del Loto, suelo recomendar también a mis alumnos que consideren lo que han escrito al respecto diversos autores contemporáneos. Dos obras que suelo citar —elegidas deliberadamente por sus enfoques distintos— son Habilidad Metódica, de Michael Pye (Duckworth, 1978), y «El Único Vehículo y las Tres Joyas», de Carl Bielefeldt (Buddhist-Christian Studies 10, 1990). El profesor Pye sostiene que el concepto de habilidad metódica, correctamente entendido, actúa como un freno intrínseco contra el dogmatismo, permitiendo a la tradición budista desarrollar continuamente nuevas formas adecuadas al tiempo y al lugar, aun comprendiendo que ninguna forma es completa y definitiva en sí misma, sino que conduce a la verdad del Vehículo Único, el cual trasciende siempre la expresión directa. Por su parte, el profesor Bielefeld señala que el concepto del Único Vehículo también ha sido comprendido como un llamamiento a una nueva forma absoluta de budismo, por encima de todas las anteriores —especialmente en relación con la idea del «último periodo» tras el nirvana del Buda—. Esta interpretación, señala, sirvió de base teológica para el carácter exclusivo que llegaron a tener las escuelas de la Tierra Pura, el Zen y el Nichiren en el Japón medieval, con la influencia que han ejercido hasta el presente. Al principio, los estudiantes suelen insistir en que una de las dos posturas debe ser correcta y la otra errónea. Lo que intento que comprendan es que el Sutra del Loto ha sido leído de ambas formas durante siglos, y que precisamente el hecho de que esta controversia continúe abierta puede enseñarnos algo muy valioso.
He llegado a pensar que tanto las lecturas inclusivas como las exclusivas poseen fortalezas y debilidades genuinas. La ventaja evidente de una lectura inclusiva es que permite conciliar visiones divergentes, incluso antagónicas, dentro de un mismo marco, y por tanto puede contribuir a aliviar conflictos y favorecer el respeto mutuo. Por eso, hoy en día resulta tan atractiva para el diálogo interreligioso. No obstante, también entraña riesgos. Debemos asegurarnos de que la afirmación de la unidad última de toda verdad religiosa no oculte, sin que nos demos cuenta, una forma sutil de etnocentrismo que suavice las diferencias reales suponiendo que la fe ajena debe ser esencialmente igual a la nuestra. Otro riesgo es lo que el sociólogo Robert Bellah ha llamado «tolerancia excesiva»: una apertura tan amplia que termina por diluir y perder lo que es propio e intransferible de la propia tradición.
Los peligros de una postura exclusiva quizás sean más evidentes. La afirmación de que una sola enseñanza es verdadera puede derivar fácilmente en dogmatismo, autosuficiencia moral y, en los casos más graves, en la imposición forzosa de las propias creencias. Sin embargo, las afirmaciones exclusivas también tienen una fortaleza potencial: la convicción en una verdad única y trascendente puede dar base moral para cuestionar lo establecido y valor para enfrentar formas opresoras de poder. Por ejemplo, en el periodo Edo de Japón (1600–1868), los seguidores del movimiento minoritario Fuju Fuse («ni recibir ni dar») dentro del budismo nichirenista arriesgaron repetidamente su libertad y sus vidas al oponerse al control gubernamental sobre las instituciones religiosas, afirmando que la autoridad del Sutra del Loto está por encima del poder secular.
Quizás no exista una forma de conciliar ambas posturas. Pero tal vez no sea necesario hacerlo. Quizás la tensión entre ambas pueda ser aprovechada de manera constructiva. Independientemente de si nos inclinamos por una lectura inclusiva o exclusiva del mensaje del Sutra del Loto, saber que los budistas debatieron esta cuestión durante siglos puede ayudarnos a definir nuestra propia postura con claridad de miras, sin aferrarnos dogmáticamente a ninguna, valorando sus puntos fuertes y procurando evitar sus riesgos.
Fragmento de: "Perspectivas inclusivas y exclusivas sobre el Vehículo Único" por Jacqueline Stone
